Quiero un logo bonito
¿Qué profesional dedicado al diseño no ha oído alguna vez esta frase? Da igual que el logo sea proporcionado o desproporcionado, simétrico o asimétrico, equilibrado cromáticamente o no. Lo importante es que el logo sea bonito.
Y ¿qué es un logo bonito?
Pues esta es una pregunta difícil porque entramos directamente en el campo de la subjetividad. Lo que puede ser bonito para ti puede que no lo sea para el cliente y viceversa. ¡Y lo que puede ser aún peor! Que le guste al cliente pero no le parezca bonito a su entorno. Entonces tenemos un problema porque se produce un gusto comunitario y queremos que el logo le guste a todo el mundo.
Lo que si podemos afirmar es que esto de la belleza de las cosas es un tema que viene de lejos y del que no se ha alcanzado aún un acuerdo formal.
Lo que puede ser bonito para ti puede que no lo sea para el cliente y viceversa.

¿Qué es la belleza?
Parece que, a lo largo de los siglos, la belleza, lo bello, ha estado íntimamente ligado al concepto de bueno. Lo que es bello es bueno. Incluso podemos concretar que la belleza es un camino para conseguir lo bueno.
Ya lo decía el “bueno” de Platón cuando afirmaba que el alma humana, antes de encarnarse en el cuerpo, había conocido el mundo de las ideas. De todas ellas, la idea suprema era la del Bien, a la cual identificaba con Dios. La belleza era una idea metafísica que conducía a la idea del Bien. Ni más ni menos.
A pesar de asociar lo bello a lo bueno, ni siquiera los griegos tenían una teoría de la estética para definir la belleza más allá de asociarla a cualidades como bueno o malo. Incluso el oráculo de Delfos, a la pregunta sobre que era bello respondía: “lo más justo es lo más bello”.
La belleza era una idea metafísica que conducía a la idea del Bien. Ni más ni menos.
Y esto nos viene genial para enlazar con nuestra profesión relacionada con el diseño.
Porque, ¿cuál es el fin de un buen trabajo de diseño si no el de hacer un trabajo que sea justo? Con justo nos referimos sobre todo a un trabajo que cumpla con los objetivos previstos.
Por eso, entre otras cosas, el diseño se diferencia del arte en el hecho de establecer una metodología de trabajo donde se buscan respuestas a los problemas planteados por un cliente.
Es necesario que quede siempre claro que el proyecto resolverá las cuestiones planteadas previamente. Aunque para lograr que un proyecto sea cum laude, tenemos que tratar de cumplir las expectativas sobre la belleza que se puedan tener previamente. Tal y como decía Eurípides, «Lo bello es grato siempre», a pesar de que ese bello sea siempre subjetivo.
Tan subjetivo era, que fueron otra vez los griegos los que tuvieron en cuenta la visión subjetiva de las cosas llegando a buscar una belleza ideal que armonizaba alma y cuerpo: la kalokagathía, que encontró su expresión perfecta en los versos de Sísifo y en las esculturas de Praxíteles.
Por ello, es necesario que utilicemos una metodología, que haga de nuestro trabajo un proceso profesional. Donde expliquemos al cliente que antes de diseñar llevaremos a cabo un periodo de indagación o que después procesaremos esa información. De este modo estaremos preparados para poder manejar las variables que nos presente el problema a resolver.
En definitiva, debemos de tener en cuenta que un diseño diferencia y representa los valores intangibles (emoción, contexto y esencia) de una marca, que más importan a los consumidores. Por esto, el diseño de un logo no puede ser solo bonito sino tal y como decíamos antes, el «proceso del diseñador es examinar un rango de soluciones basándonos en los criterios tanto funcionales como relacionados con las aspiraciones. El diseñador determinará el diseño que mejor corresponda a las necesidades del cliente.»
Puedes conocer y leer más sobre el tema con libros como estos:
Wheeler, A. :Diseño de Marcas
Eco, Umberto: Historia de la Belleza.
¡Sé Creativo! Se tú mismo. SECADERO
Si quieres conocer algunos resultados de nuestros trabajos puedes verlos en nuestra web www.secadero.es.